He notado que ahora me muevo más tranquila.
Voy despacio, mis pasos no se dirigen a ningún lado.
Quizá lo que me inquieta es el tener prisa por tener que llegar a algún sitio.
Andar deprisa, con agobios, sin pensar en qué me voy a encontrar,
sino en encontrarlo pronto; darme de bruces contra ello,
sea lo que sea, y luego
¿QUID TUM?
Prefiero no tener un destino, o tener uno muy lejano, imposible,
para vivir en la serenidad del continuo fracaso, para andar despacito,
permitiéndome el lujo de pensar bien qué camino cogeré después
y cambiar de rumbo cada poco,
andar por andar.
Ahora, por fin, estoy calmada,
sabiendo que voy a un lugar al que nunca voy a llegar
y no me importa, quiero caminar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Caminar es bueno porque cada paso que das siempre es un paso nuevo.
ResponderEliminarY en lo nuevo están todos los misterios de la vida que aún no se han descubierto, hay mares de conocimiento que tal vez se conozcan, o tal vez no.
Depende de tus pasos, lo bueno de tu caso, es que al no tener rumbo ni prisa, iras con un gran garbo disfrutando y asimilando, todo aquello que vayas encontrando.
Me ha gustado mucho esta entrada tuya.
Un beso
MosweN