Todos hablan del amor
como si supieran lo que es,
un huracán, dicen, un incordio,
la máxima expresión de la estupidez.
Todos hablan del amor
para decir que no lo quieren,
que así están muy bien.
(Algunos incluso dicen
que no lo sienten).
Ellos avisan
(a veces)
a todas las dispuestas,
que no se acostumbren,
por mucho que las visiten.
Que no escuchen,
que no se ilusionen
con la idea de ser
algo más que una vagina.
Que no se enchochen.
Las vaginas por su parte
preguntan por qué
iban a querer ellas acostumbrarse
a ser usadas de esa manera.
No les gusta ser sumisas
y, sin embargo, siempre tienen que esperar
a ser requeridas.
Re-queridas.
Todos hablan del amor
como si supieran lo que es
y ponen caras de limón
cuando se besan las parejas,
y hacen gestos de compasión
ante fotos de bodas ajenas.
Todos dicen conocer al amor
como si fuese un pariente lejano
muy vehemente, muy pesado,
al que hay que aguantar de vez en cuando.
Todos dicen conocerlo salvo
quizá, los más jóvenes,
quizá, los más sabios.
Yo sé lo que es el amor
sólo por comparación.
(Aunque no pueda
compararlo con nada).
Todos dicen saber lo que es
y lo rechazan.
Y lo ahuyentan de sus camas,
de sus cabezas, de sus almas.
Todos hablan del amor como si supieran lo que es,
pero cuando se presenta por sorpresa,
(como siempre)
cuando está realmente cerca,
no lo ven.
Por eso caen
y vuelven a caer.
Y sólo tiempo después,
incluso si no sale bien,
(especialmente si no salió bien),
entonces, lo reconocen,
aunque ya sea tarde
(especialmente cuando ya es demasiado tarde).
"Aquello fue amor, aunque durara muy poco".
Y creen que eso les ayudará
la próxima vez.
Ilusos.
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